Es mi Picasso y me lo llevo donde quiero

Cabeza de Joven. Picasso 1904Yo creía que iba a perder la oportunidad de escribir sobre el caso del Picasso que Jaime Botín guardaba (seamos buenos, guardaba) en su lujoso yate. ¡Pero no! Porque el susodicho cuadro sigue saliendo en los medios. Sospecho que hay que ser muy ingenuo para pensar que el banquero (porque don Jaime es hermano, por si no lo saben, del desaparecido Emilio Botín) estaba sacando a Cabeza de mujer joven a dar un paseo por el Mediterráneo.

Si se quieren conocer más detalles del embrollo, aquí y aquí pueden encontrar artículos de distintos medios. Pero hago un resumen rápido, y me meto en faena. La casa de subastas Christies, a petición del banquero,  solicita en diciembre de 2012 al Ministerio de Educación y Cultura poder sacar de España un cuadro que él mismo había comprado en Londres en la Galería Marlborough. El ministerio de Educación le deniega el permiso aludiendo, según informe de MNCARS, que se trata de una obra excepcional de un periodo del pintor malagueño del cual no se tienen muchas piezas en España y, por lo tanto, ésta ha de quedarse en suelo español.

¿Por qué tiene que pedir permiso el señor Botín para sacar algo de su propiedad fuera de España? Porque la Constitución Española (¡oh sorpresa!) recoge la protección del patrimonio cultural en su artículo 46. Este “patrimonio cultural” , así en abstracto, puede estar formado por bienes individuales o conjuntos históricos y ser clasificado según sean bienes muebles (que se pueden “mover) o bienes inmuebles (edificios). Y en estas categorías tan grandes se incluye cualquier bien con mas de 100 años de antigüedad. Casi nada… Pero ahí no acaba la cosa: podríamos luego dividir esos bienes entre privados, públicos y eclesiásticos. Pero como en este caso se trata de un bien privado, nos vamos a centrar en ello y vamos a obviar los otros dos casos (porque la ley se aplica de manera distinta).

Si esto no está suficientemente liado, podemos hablar de cómo estas competencias en materia de cultura que debería estar ejerciendo el Estado, fueron transferidas con mayor o menor tino a las comunidades autónomas en el año 91. Las cuales acataron de distinta manera la recepción de competencias que en muchos casos no sabían ni como manejar teniendo que generar su propio régimen de protección jurídico. De este modo algunos bienes de interés cultural (de aquí en adelante los llamaremos bics) estaban clasificados como tales por el consejo de ministros (el órgano competente para otorgar dicho status hasta el 91) pero luego llegaba a las comunidades autónomas y no se sabía muy bien que hacer con ello. Pero en este caso, el cuadro de Picasso nunca fue denominado BIC ni por el Estado (antes del 91) ni por ninguna Comunidad Autónoma (después del 91), lo que no implica que se pueda hacer con él lo que se quiera, pues aún así hay que pedir permisos.

Ahora que ya conocemos un poco más del derecho del patrimonio cultural, podemos empezar a acercarnos al caso que nos atañe:

jaimebotin

El señor Botín solicitó el permiso via Christies en el año 2012 para poder vender su obra a través de la casa de subastas. Se le denegó, y se recurrió la decisión a un órgano superior. Mientras tanto, el cuadro estaba en “un buque atracado en un puerto español” (sic) y supuestamente era propiedad de una empresa británica dedicada al transporte marítimo. A posteriori no se demostró que la dueña fuera la empresa sino que ésta tenía el cuadro en su poder por “una cesión temporal”.

Podríamos empezar a divagar sobre quién es el dueño del cuadro y hasta que punto el Estado tiene potestad sobre un cuadro que se pintó en el extranjero, se compró en el extranjero y ha tenido como domicilio el extranjero. Pero es aquí cuando todo esto queda en agua de borrajas, pues el cuadro fue encontrado cuando ya estaba preparado (embalado) para ser expedido a Suiza. Con la mala fama que tiene últimamente el país helvético cuando los banqueros se meten por medio…

¿Entonces? Podemos pensar que el señor Botín pide vender el cuadro en Christies y la casa de subastas, en un ejercicio de profesionalidad, pone en marcha la maquinaria burocrática para ello pidiendo permiso al Ministerio de Educación y Cultura para sacar el cuadro. Queda por discernir si lo que importa es dónde está el cuadro, dónde se pintó, dónde se compró y de dónde es el dueño para saber si el ministerio tiene competencias. Esto puede hacer correr ríos de tinta. Pero centrémonos en el hecho de que el señor Botín tenía intención de llevarlo a Suiza a pesar de que ya le había dicho el Ministerio (sin quedar muy claro si era el órgano competente para ello) que no podía.

Se abren dos debates y he aquí el quid de la cuestión. Por un lado, la dificultad de los coleccionistas de desprenderse de su propia obra (el Estado tiene el derecho de poner sobre la mesa la primera oferta a un comprador privado en el caso de bienes como el cuadro de Picasso que nos atañe) y qué criterios siguen los órganos competentes para permitir la venta de grandes obras como esta. Por otro lado, saber si estamos ante un caso de expolio cultural.

El primero de los frentes de este debate solo atañe a grandes, grandísimos coleccionistas, con nombres muy propios. No todos los coleccionistas españoles tienen Picassos tan valiosos ni están dispuestos a desprenderse de ellos. Pero el no poder hacerlo (porque el mercado interno presenta un encefalograma plano, o porque el Estado no quiere comprarlo) implica que los legítimos dueños tengan que cargar con el precio de tener que mantenerlo y, dependiendo del tipo de bien patrimonial, muchas veces no es poco. Por lo que se optan por triquiñuelas como la de “venga, nosotros lo sacamos y cuando el tribunal supremo se pronuncie pues ya veremos que pasa…que para eso tengo abogados”. Es decir, el segundo de los debates: el expolio cultural.

Adix
El Adix, ¿Yate? propiedad de Jaime Botín en el que fue encontrado el cuadro

Con los indicios y las pruebas recabadas por los agentes aduaneros tanto de España como de Francia, bien se podría decir que lo que el señor Botín pretendía era, presuntamente, sacar el cuadro de España (independientemente de que nunca haya llegado a estar en suelo español). Recordamos que el cuadro estaba convenientemente embalado y, al parecer, con destino a Suiza; indicios suficientes como para pensar que el cuadro se marchaba de viaje. En este tipo de casos, el Estado se reserva el derecho de quedarse con el cuadro si considera y demuestra que ha habido un expolio cultural. Es decir, Picasso gratis. Y no cualquier Picasso, se trata de una pieza excepcional de una época de Picasso de la que no se tienen obras similares, repetimos.

¡pero para eso hay que discernir si el cuadro se podía considerar patrimonio español! Y al parecer no ha pisado nunca tierra, y ha permanecido siempre en embarcaciones con pabellón británico. Si el Estado encuentra la manera de demostrar que tiene competencias tendremos un nuevo Picasso en las paredes de nuestros museos (de momento ya está en el MNCARS).  Pero si yo fuera abogado del señor Botín, estaría recurriendo hasta los tribunales europeos: Según la directiva 93/7 de la CEE habrá de realizarse una restitución de la obra en caso de que haya salido ilícitamente del país. Pero, por lo que parece, el Ministerio de Cultura va a tener muy difícil demostrar esto. Claro, que tampoco sabemos como va a poder el señor Botín demostrar que su Picasso ha estado siempre bajo pabellón británico. Si, vamos a tener Picasso para un ratito me parece.

Independientemente de todo esto, hemos de reflexionar sobre el estado de nuestra legislación en lo que a patrimonio artístico, histórico y cultural se refiere. Nuestras leyes no son las mejores y generan inseguridad jurídica como hemos podido observar. Del mismo modo la transferencia de competencias que se hizo en el año 91 a las Comunidades Autónomas, no ha tenido éxito y ha dado lugar a un marco jurídico demasiado heterogéneo.

Ni que decir tiene, que el expolio empieza a ser una salida realmente jugosa. El control es ineficiente, los inventarios son invisibles (en el caso del patrimonio mueble) y desde el Estado no se está promoviendo lo suficiente un modelo cultural en el cual los propietarios privados puedan de alguna manera devolver a la sociedad parte de lo que atesoran. Si es patrimonio de todos, pongamos los medios necesarios para que así sea. Puede suponer un juego en el que todos ganemos si se hace bien. Si no, seguiremos encontrando yates poblados de obras que han salido a conocer mundo; quizá para no volver.

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