“Ahora es el momento” Basquiat en el Museo Guggenheim de Bilbao

portraitHoy en los mercados del arte y en las grandes casas de subastas se llegan a pagar sumas astronómicas por las obras de Jean-Michel Basquiat (1960 – 1988) Casi siempre que sale a la palestra, es porque algún magnate se ha dejado una suma considerable de dólares en un lienzo del artista afroamericano más importante de todos los tiempos.

Esto podría hacernos pensar que al pobre Basquiat, como a tantos artistas que han muerto, ya solo le queda salir en las noticias a golpe de romper records de cotización. Sin embargo a día de hoy su obra sigue estando fresca, sigue siendo un trabajo pertinente con nuestros días. Quizá porque de por sí ya lo sea su estilo, quizá porque los tiempos, cada vez, se van pareciendo más a aquel Nueva York de los 80.

Sea como fuere, la exposición Ahora es el momento que exhibe cerca de 100 obras en el Museo Guggenheim de Bilbao, se hace una exposición muy accesible. Probablemente porque la temática de Basquiat no nos es ajena, hemos interiorizado sus métodos y técnicas y su lenguaje y su código sea fácilmente reconocible.

Con poco que se haya vivido, el estereotipo mental que se tiene de los ochenta en Estados Unidos, o al menos el que creo se ha adoptado a través de cómo se han modelado a sí mismos, es el de Sida, Raperos, las calles de Nueva York – Los Ángeles – Chicago, drogas, graffitis, el subyacente conflicto racial, Mtv, Reagan, IBM y liberación de la diversidad sexual (gracias Nan Goldin). Creo que más o menos todo el mundo es capaz de llegar a estos estereotipos al minuto de rememorarlos un poco. Y gran parte de estos temas entroncan de lleno con el trabajo de Basquiat y serán abordados en sus obras de una manera más o menos directa.

Dark Race HorsePor ejemplo, en la segunda de las salas “Héroes y Santos”, probablemente la mejor de todas, nos encontramos el homenaje que Basquiat rinde a la figura del hombre negro. Atletas y boxeadores son representados como héroes, dignificándolos a ellos y a su raza reivindicando su papel y gloria frente al “ninguneo” al que les ha condenado la historia escrita por el hombre blanco. Una especie de golpe en la mesa que equilibra de alguna forma la balanza y hace justicia. Son probablemente las piezas más emocionantes, en las que el espectador capta con gran facilidad el sentimiento de orgullo. No son necesarias grandes intuiciones, es algo tan evidente que hasta la mirada menos ejercitada puede darse cuenta. Si se encuentra uno delante del cuadro Dark Race Horse (la pierna de Jesse Owens) no puede evitar que se le llene el pecho un poco (pero claro, para eso hay que saber que Jesse Owens fue el atleta americano y negro que aplastó a los atletas arios de Hitler en los Juegos Olímpicos de Berlín 36, he ahí la clave del contexto). Sus héroes son al mismo tiempo santos, con ese halo de sufrimiento, martirio y dolor que llevan implícitas esas figuras y el color de su piel.

En lo que se refiere a la temática de sus obras, la senda continúa con las dualidades que se establecen en su obra al tratarse de un artista que se mueve en dos planos o escenarios distintos: por un lado es un insider por estar dentro del sistema del arte desde el inicio de su carrera, pero por otra parte en un outsider por estar lejos del estereotipo de artista blanco aburguesado y no querer entrar en el juego. Así en sus obras también se observa esa dualidad del bien y del mal, de lo negro y lo blanco, convergencia y conflicto en un escenario de tensiones sociales, económicas y de poder.

Basquiat en un fotograma de su película Downtown 81
Fotograma de Downtown 81

La temática de la obra se desarrolla en un escenario que Basquiat explora, entiende y cartografía: Las calles. Y de ellas nace además su estilo y su lenguaje además de su temática. Aunque no se consideraba un grafittero al uso, lo cierto es que es una técnica que adopta y adapta a sus lienzos. La calle se convierte en el sujeto de su obra amén de su objeto. En la exposición se ve un claro ejemplo con un trozo de pared de Nueva York (una especie de simbiosis entre chapa de metal y contrachapado) del que Basquiat se ha valido para crear una obra. La ciudad, es el soporte además de la protagonista, en algunas ocasiones, de la obra.

Basquiat demuestras así saber jugar con variedad de soportes: en las salas cuelgan sobre todo lienzos, pero también hay obra en papel (algunos parecen, por lo ajados que están, sacados de una papelera, elemento marcadamente urbano) en tela e incluso en cerámica.

Untitled 1982
Untitled 1982

El estilo de Basquiat es fácilmente indentificable. Y el público que ignorara su obra ahora pulula por el mundo sabiéndolo reconocer después de la exposición. A parte de los elementos que se repiten (como la corona de tres puntas, los halos de santidad) sus obras se distinguen por la esquematización de los cuerpos (que casi siempre se representan con los brazos levantados y muy simplificados) la utilización del texto, de elementos importados del comic, y un uso del color que no respeta los límites impuestos por otras pinceladas.

La retrospectiva de Basquiat también incluye obras que ejecutó junto a Andy Warhol ayudando no sólo a una mayor comprensión del artista, sino también de su contexto. En estas obras la influencia de Warhol es más que patente con objetos de consumo, recursos publicitarios, etc… Pero sin dejar nunca de lado la temática de Basquiat. En esta sala, llamada simplemente “Colaboraciones” encontramos dos piezas consecutivas que llaman la atención. Por un lado Peruvian Maid en la que de la superficie del lienzo “sale” una caja de madera, y Oreo, un lienzo en el que una galleta internacionalmente conocida, símbolo de la sociedad de consumo resulta un poema paradójico en el que las tapas de galleta negra encierran dentro una creama blanca en un sugerente juego visual en el que entran de nuevo en juego las “dualidades” o tensiones a las que me refería anteriormente. Hablaba Basquiat que “Oreo” era la forma que se tenía en el Slang de los 80 en Nueva York para designar a los afroamericanos que se habían olvidado de la lucha racial y vuelto en contra de su propia identidad.

Peruvian Maid
Peruvian Maid
Oreo 1988
Oreo 1988

Si las obras con Andy Warhol sirven indirectamente para contextualizar la obra de Basquiat, también lo hacen otros dos elementos que aprovechan espacios “muertos “ de la exposición para ilustrar el espíritu y el punto de vista racial que impregnaba toda la carrera. Por un lado, el discurso del Doctor Martin Luther King “I have a dream”justo en un espacio de frontera entre dos salas, en la aduana para salir de la sala donde el hombre negro es encumbrado como santo y héroe (es difícil no estremecerse después de ver tanto orgullo). Y por otra parte, en el transbordo largo que se realiza por una de las pasarelas en la que suena una pieza de Charlie Parker llamada Now’s the time.

Basquiat introduce en sus obras también de una manera más somera, influencias extraídas del boyante ambiente cultural en el que se movía y se había movido desde pequeño. Así encontramos referencias a Beethoven en “Eroica”, al rap, al funk e incluso al punk. También formó su propia banda de música, participó en una película y estuvo saliendo con Madonna. Nada, una vida normalita.

Eroica 1987

Ahora es el momento llega además a tiempo a un escenario como el que vivimos actualmente en el cual, aunque la ciudad haya sido relegada en parte por la ciudad invisible que es internet, sigue habiendo conflictos raciales, sigue habiendo una dualidad entre el bien y el mal también a nivel artístico (con el eterno debate de alta y baja cultura, mainstream, Bourdieau, etc…) Basquiat no está ausente, Basquiat no ha caducado, sigue estando, para bien y para mal, bastante vigente. Y a pesar del paso del tiempo, pocos artistas han conseguido que su obra trascienda y se siga hablando de ella y resultando tan interesante y atractiva. Y no quiero culpar a los mercados del arte de ello, creo que aunque hayan podido colaborar para que Basquiat esté siempre en el candelero, hoy hablamos de su obra por méritos propios. No porque haya vuelto a batir su récord. Eso son meras anécdotas.

Es una exposición completa, accesible, fácil, entretenida, sorprendente y bastante divertida. Probablemente hasta dentro de 6 u 8 años no volveremos a tener una exposición tan instructiva para gente que aún no se haya acercado al arte contemporáneo. Esta puede ser la excusa perfecta para introducir al amigo, al cuñado o al jefe que te dice “eso lo puedo hacer yo” y demostrarle que claro que puede hacerlo. Pero hay que ponerse a ello. Explicarle por qué se hace así. Y por qué no le va a salir lo mismo. Si te toca vivir una época y un escenario de mierda y eres lo suficientemente ignorante como para decir que lo puedes hacer tú, lo intentarás imitando y probablemente fracasarás. Si te toca una época vibrante, estimulante, llevas una vida frenética en un escenario que te acompaña en todas las facetas, serás un artista íntegro. Si en el futuro consigues que tiempo y escenarios puedan dialogar con tu obra podrás ser Basquiat. De los mercados, mejor hablamos otro día.

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