La artista, la crítica y el galerista

Este artículo no pretende criticar ni juzgar, sino hacerse eco de dos debates necesarios e interesantes.

Paloma POlo Foto ABC Elena Vozmediano guillermo Crane TV

De izquierda a derecha Paloma Polo (artista) Elena Vozmediano (crítica) y Guillermo Romero (galerista).

 

Se ha desatado en los últimos días una pequeña discusión que no llega a polémica y que apenas ha salpicado ni ha hecho ruido a propósito de la última exposición Unrest de Paloma Polo en la galería Parra y Romero. En este debate se ha puesto de manifiesto una de las paradojas más habituales en lo que a arte contemporáneo se refiere y uno de los más claros problemas del sistema galerista de España. Por un lado la difícil comunión entre arte comprometido y sistema; y por otro el problema de comunicación entre galerías y público.

¿Cómo encajar el arte aparentemente activista en un sistema cultural que polariza las posiciones y tiene, por tanto, la capacidad de legitimarlo o deslegitimarlo según cumpla o no determinada militancia política? Qué pregunta más larga…

Empecemos por el principio: Parra y Romero inaugura la temporada 2015/2016 con una exposición de Paloma Polo; desde hace tiempo, una de las voces más reconocidas y destacables del panorama contemporáneo español y representante española en la 55 Bienal de Venezia. En esta exposición, con la que la galería madrileña participa en “Apertura 2015” , Paloma presenta una película/documental y una serie de fotografías. En sendos casos, trabajos con carga política.

palomapoloplanta
El momento efímero de disidencia queda fosilizado e inerte una vez transcurrido. Foto: Acción Española

El trabajo llama la atención de Elena Vozmediano quien escribe su habitual crítica en las páginas de “El Cultural” de “El Mundo” y después de subrayar la obvia militancia de Paloma Polo por una de las partes, hace referencia al título de la serie fotográfica, ya en el final de su artículo: “El momento efímero de disidencia queda fosilizado e inerte una vez transcurrido, se titula, melancólicamente, la serie; el activismo artístico conoce sus paradojas. Y más cuando la obra se comercializa en una lujosa galería del barrio de Salamanca.

No es difícil imaginar que son 38 palabras que van a hacer correr bastantes más…

La primera en contestar es Paloma Polo que lo hace a través de su cuenta en Facebook. No es una contestación directa, sino más bien una reflexión del fondo de las palabras de Elena Vozmediano.

El texto de Elena Vozmediano, “Paloma Polo, ¿de qué lado estás?”, escrito con motivo de la exposición que he presentado recientemente, ha suscitado, por mi parte, una serie de reflexiones que considero muy oportuno compartir públicamente.

Elena cierra el texto con una afirmación que ha de analizarse en profundidad: “el activismo artístico conoce sus paradojas. Y más cuando la obra se comercializa en una lujosa galería del barrio de Salamanca.”

De esta aseveración se podría lógicamente inferir que los artistas políticamente posicionados no han de poner su trabajo a la venta. A bote pronto, este reclamo podría resultar razonable. Sin embargo, tal y como están las cosas en los contextos culturales y políticos en los que trabajamos no parece razonable esperar que un artista pueda ser un trabajador asalariado más, desafortunadamente. Por lo tanto, la lógica que sostiene el argumento de Vozmediano nos puede llevar fácilmente a asumir que un artista no posicionado políticamente, o un artista que no responda con posturas explícitamente anti-capitalistas y anti-imperialistas es más digno de ser remunerado económicamente por su trabajo o es más coherente. De ahí también podrían destilarse otro tipo de asunciones. Por ejemplo, que los artistas políticamente posicionados sólo han de mostrar su trabajo en contextos en los que la mediación del mercado sea tácita o esté velada o supeditada a otros intereses (culturales, sociales) supuestamente más puros. O que el artista políticamente posicionado ha de ser mantenido por otros (por ejemplo, su familia) o no ha de ejercer su práctica a tiempo completo.

Es precisamente este afán de evitar las contradicciones que nos impone la mercantilización agresiva de la cultura lo que nos puede conducir, finalmente, a escenarios si cabe más paradójicos. Como puede ser creer, siguiendo la lógica que articula la aserción de Vozmediano, que el arte políticamente posicionado ha de quedar fuera de las plataformas más establecidas de la industria cultural. ¿A quién beneficia esto? Desde mi punto de vista esto parece beneficiar más a los capitalistas que al desarrollo de un arte humanamente progresista.

Ahora bien, tampoco vayamos a engañarnos pensando que con ocupar cualquier plataforma del establisment cultural tenemos batallas ganadas o somos parte de alguna solución. El capitalismo tiene la capacidad de absorber cualquier radicalidad, a veces esta se reprime y censura brutalmente pero la mayor parte de la veces el pensamiento radical se adapta, transforma, recicla o exprime, llegando a incluso a convertirse en algo que termina siendo irreconocible para quién lo generó.

Los artistas e intelectuales de la cultura tenemos por delante grandes desafíos que enfrentar. Considero que es mejor enfrentar las contradicciones y discutir sobre ellas que tratar de evitarlas.

A modo de ejemplo o sugerencia creo que los artistas deberíamos asumir una competencia y responsabilidad mucho mayor en todo lo que concierne a los públicos y en general a nuestra comunicación con la sociedad y actuación en la vida cotidiana. También deberíamos estar mucho más organizados, unidos y preparados para luchar por una transformación más humana, social y política de las instituciones de la cultura. E involucrarnos infinitamente más en la educación, artística o de cualquier índole.

Queda mucho por hacer, pero quizá debamos comenzar por desarrollar una reflexividad crítica, más humana y filosófica, que pueda sentar las bases de actuaciones verdaderamente coherentes.

Por último, a modo de nota aclaratoria, quisiera decir que yo nunca he presentado mi trabajo como activismo artístico ni lo entiendo así. Mi trabajo artístico es eso, trabajo artístico (con sus limitaciones, contradicciones o dificultades). Es cierto que a veces hago trabajo activista, pero para mi existe una diferenciación muy clara. Y con esto no quiero hacer de menos ni al arte ni al activismo. La política puede ser un procedimiento de verdad, pero el arte también.

De no haber sido por las palabras de Vozmediano, probablemente nos habríamos perdido la reflexión de Paloma Polo que, a mi parecer, es un ejemplo clarísimo de la necesidad de discursos artísticos bien fundamentados o refundamentados como el suyo. Palabras que vienen a contestar a la pregunta ¿Para qué sirve un artista hoy en día? Y al mismo tiempo justifican la pregunta ¿Para qué sirve la crítica?

De todo este debate el que más me inquieta es el de la expresión política vendiéndose y reafirmando el sistema contra el que se revela y siendo posteriormente reabsorbido. Cuando era un adolescente me ponía enfermo que las canciones reivindicativas de Ska-P estuvieran siendo distribuidas por una multinacional como Sony-BMG y me tomaba muy en serio la militancia con mis ideas. Hoy en cualquier fiesta de pueblo ponen el Vals del Obrero y los más makokis lo bailan como si les fuera la vida en ello sin entender nada. Luego uno termina también relajándose en estas posturas. Más por pereza que por conciencia real… pero ¿no queda la paradoja ahí, latente en el fondo de una conciencia mal callada? Paloma defiende su postura afirmando que su trabajo no es activista, sino meramente artístico. Pero el juicio queda en manos de los demás…¿o no?… La coherencia está en nuestros ojos, pero no creo que tenga que ser tan grande como para impedirnos ver que el trabajo de Paloma Polo va más allá, como ella misma afirma, de una mera militancia. Es más, la militancia no importa. No le preocupa. Y aunque ese juicio resida en los que estamos al otro lado, queda completamente obviado por las fotografías en sí. Es decir, lo artístico consigue sobreponerse a esa supuesta falta de “coherencia”. Y no es algo que todo el mundo pueda conseguir.

Santiago Sierra y el arte político
Santiago Sierra y el arte político. El mismo que rechazo el premio Nacional de Artes Plásticas, hablando de arte y militancia

Ivan de la Nuez publicó no hace mucho en “El Estado Mental” un artículo muy interesante sobre la legitimación de las prácticas capitalistas a día de hoy en el arte y terminaba diciendo, para dar otro enfoque a lo que nos atañe: “Somos, en fin, otra franquicia llamada Arte Contemporáneo, desde la cual validamos las prácticas del capitalismo más salvaje mientras nos permitimos sublimar las teorías del socialismo más cándido.”

Juzguen, que estamos aquí para eso.

Es por alusiones cuando al poco entra en el debate (llamarlo polémica es demasiado y creo que es más bien un intercambio de puntos de vista que terminan alimentándose unos a otros y enriqueciéndose) Guillermo Romero Parra, responsable de la galería donde se expone. Cargando sin maldad ni rencor el estigma de todas las galerías: La distancia que los separa de la realidad social y el estereotipo de que las galerías son solo para los que se pueden permitir “el lujo”.

Querida Paloma Polo, te felicito por el texto y por la exposición, nos sentimos muy orgullosos.

Sobre la comercialización de una obra de carácter político en un contexto comercial, no voy a entrar porque es evidente la respuesta, no es algo nuevo, por eso quizás resulta sorprendente esta reflexión naif del asunto.

En referencia al comentario de “lujosa galería del barrio Salamanca”, es la primera vez y probable la última que comento en público una crítica, respeto todas, aprendo de ellas, las valoro y ésta por supuesto también. Pero me ha dado mucha tristeza porque se ha publicado en el marco de Apertura, una iniciativa que fundamos para acercar las galerías a la gente, hacerlas cercanas y accesibles, en definitiva una utopía que no deberíamos plantearnos a estas alturas. Si nos defines como lujosas, ¿qué mensaje transmitimos a la sociedad?.

Comentarios como éste, precisamente son los que las galerías de toda índole tenemos que pelear desde hace muchos años, para que no se nos considere lujo, sino cultura. Por eso entrar en estas valoraciones evidencian nuestro nivel evolutivo, y cuestionan no solo el papel de la galería en la sociedad, si no el de los artistas, los comisarios, los museos, la prensa especializada y por ende los críticos también. Me encantaría, Elena Vozmediano, y hago pública esta invitación con cariño, que vinieras a ver desde dentro como trabajamos a diario en una galería española, cuantos proyectos podemos sacar adelante a un nivel equiparable al de otras galerías internacionales que poseen mayores recursos, y después nos digas donde ves el lujo. Pero que voy a contarte yo que la mayoría de colegas no puedan decirte también. Según el filósofo Yves Michaud sobre El Lujo, “el verdadero lujo es el de la sencillez y la distinción de las cosas simples y esto resulta muy caro también”, y en esto las galerías tenemos mucho que decir.

Y aunque pueda parecer que las palabras de Guillermo solo salvan su “imagen” en realidad lo que defienden va mucho más allá de limpiarse esa especie de “culpa” que nos autoimponemos cuando nos cuelgan el adjetivo “lujoso”. Por más que las galerías de Madrid (hablo de lo que tengo más cerca y conozco mejor, hace 6 años colaboré con la galería Parra y Romero y desde entonces han sido mis amigos) se esfuerzan e impulsan iniciativas que tratan de acercar el arte contemporáneo al gran público, éste no se ve seducido por la programación de éstas más allá de las cervezas que se les pueda dar en el opening de turno. Es triste, pero es así. Cualquier esfuerzo de las galerías por hacer llegar al público general el trabajo de los artistas será siempre en vano. Y la razón es bien sencilla: el público no sabe. La gente de la calle no sabe. No es cuestión de sacar el dedo y acusar de ignorantes e incultos. Es cuestión de buscar culpables, y no es difícil encontrarlos (helos ahí, los que destierran la filosofía de los planes de estudio de bachillerato, los organismos públicos invirtiendo en un ocio de consumo más que en cultura, etc…) Lo realmente difícil es revertir la situación. ¿Cómo puedes explicarle a alguien el trabajo de un artista si no le han dado jamás las herramientas para entenderlo? Con un poco de suerte, en su juventud pisó el Prado con el colegio más emocionado por estar perdiendo clase que por Tiziano o por Goya. Quizá sucediera algo parecido con sus visitas al MNCARS. Muy pocos son los que han recibido un estímulo creativo, los que han cogido un pincel y se han dado cuenta de que no podían hacerlo ellos, los que han pensado que se puede esculpir en algo más que arcilla. Estamos arrastrando un retraso cultural y artístico de dimensiones brutales. Suerte que parece que las nuevas generaciones cuentan con mejores herramientas (ahí están los departamentos de educación de CA2M, MNCARS, Educathyssen…) para entrenar su mirada. Y recordemos que la educación no es un fenómeno restringido a la escuela, sino a toda la sociedad.

Volviendo a la aseveración de Elena, ésta tampoco ayuda, como afirma Guillermo. Lujo es poder disfrutar gratis de las exposiciones y de la programación que las galerías de Madrid tienen a día de hoy. El comprar o no una obra pasa del plano cultural al plano comercial. Y son dos planos que, en una galería, aun paralelos, son distintos. Y es algo que deberíamos empezar a discernir con claridad. La escasa visibilidad de las galerías de arte contemporáneo como dinamizadores del entramado cultural de una sociedad no existe. Los medios de comunicación envían una imagen completamente irreal siempre envuelta en inauguraciones, openings de gente trajeada (casi siempre superando los 40), snobismo, ARCO y su pieza sensacionalista de turno…y poco más. Dando una imagen como ésta, el ideario del público general sobre las galerías tendrá que cargar (además de con el estigma de una mirada poco “entrenada”) con los estereotipos de High Class y su consecuente “eso no es para mi”, “yo no pinto nada allí”, “me van a mirar mal” y demás comentarios que he llegado a escuchar al invitar a amigos y conocidos a galerías.

Sacando algo en claro de este asunto, del cual se podría reflexionar más concienzudamente y espero que los lectores de este blog se animen a ello, me atrevo a afirmar que la militancia está sobrevalorada y perder la oportunidad de luchar contra algo desde dentro no hace sino dar alas, mientras que haciéndolo, el efecto es aún mayor por convertirse en un arma de doble filo. Solo es una muerte más lenta y quizá más dulce. Y por otro lado las galerías van a seguir con en el estigma de “esto no es para mi” mientras no sean todos los engranajes de la cadena artística/cultural y social los que se inmiscuyan en despertar a la gente y hacer que, como dijo Dora García,  todos nos demos cuenta de que el arte es para todos pero solo una élite lo sabe.

Foto: Nicola Mariani
Foto: Nicola Mariani

 

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